… y llega el final de otro año, y la cabeza intenta ese famoso balance…
Para empezar, todos saben que el 2025 no comenzó de la mejor forma posible. Se nos fue papá y no hay palabras para llenar ese vacío.
Me sigo sintiendo un privilegiado por vivir de lo que me gusta, y siento un ORGULLO INMENSO al seguir los pasos de los mejores docentes que conocí en mi vida: papá y mamá.
Este camino me hizo conocer gente maravillosa y no puedo dejar de agradecer por eso.
GRACIAS por permitirme aportar mi granito de arena para demostrar que todavía hay cosas por las que vale la pena luchar y trabajar.
GRACIAS por hacerme un lugar y sentirme parte.
GRACIAS a mis amigos de siempre. A los que están desparramados por la vida, pero que están. INCONDICIONALES, siempre encontrando la manera de ESTAR(me). A los que me leen y aprendieron a seguirme y conocerme a través de mis letras. A “los que nos quedamos”, que pasaron todas mis barreras y me han hecho sucumbir a su cariño, y que después de varios años nos hemos encontrado en ese abrazo santafesino para sentir(nos) TANTO.
GRACIAS a mi familia… ¿Existirá palabra que pueda describir el sentimiento que papá y mamá nos enseñaron a vivir?
A todos los invito a que el año que viene excavemos pequeños agujeros en el jardín con las uñas desnudas, y guardemos nuestros soldaditos de juguetes, muñecas, migas de bizcochitos, nuestras colecciones de estampillas, las de latas de gaseosas, las pestañas con las que siempre disputamos la “suerte”… y esperar en las tardecitas de lluvia, sentados a la ventana y empañándola con aliento a leche chocolatada, mientras hacemos fuerza para que algo (sin importarnos qué) empiece a germinar…
El año que viene llevemos un catálogo detallado al extremo de todas las risas en un “cuaderno gordo” (forrado con papel araña, les dejo el color a elección de cada uno). Escribamos cada una de ellas con el ceño fruncido, mordiendo la lengua como en una ardua tarea, y la misma caligrafía con la que escribimos por primera vez nuestro nombre en imprenta manuscrita…
El año que viene aunemos fuerzas e inteligencias e inventemos una maquinita llena de botonitos y manivelas que sirva para desempolvar todas las alegrías que pasamos por alto, y compacte todos los dolorcitos que a veces nos empañan, haciendo piedritas que dejaremos en el patio, para que los duendes que vigilen nuestra huerta sigan jugando a la rayuela sin que los encontremos.
El año que viene nos daremos cuenta, durante la segunda mitad del viaje, de lo ridículo que resultan todos los planes que trazamos… Lo bueno es que, dos minutos después, nos olvidaremos de lo que nos dimos cuenta, de la primera mitad del viaje y (OBVIO) de todos los planes que trazamos…
El año que viene tendremos, como todos los años, demasiadas cosas para hacer. Así que hagamos de cuenta que el año que viene ya empezó y se terminará cuando nosotros tengamos ganas que así sea. Organicemos una hermosa expedición de 365 días y no nos olvidemos de lo más importante: el verdadero disfrute está en el viaje, no en el destino… vivamos cada momento como un brote del jardín que sembramos con nuestros tesoros… porque eso es lo que yo voy a hacer: sembrar momentos a ver si alguno me florece, y regar todos a menudo para que no se me sequen aquellos que florezcan.
Y me quedo esperando… simplemente hay un brote que desearía que floreciese hasta reventar…
Dicen que los años pares son siempre mejores… veremos.
Brindo una vez más por las pequeñas cosas…
Felicidades para todos.
… en EXTRA BRUT.

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